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ANÁLISIS POSJERÁRQUICO · 018

Cuando el diálogo democrático se convierte en una lucha, ¿quién puede cambiar las reglas del juego?

Análisis posjerárquico de la entrevista de Vakaris Vingilis al filósofo Paulius Gritėnas

Los conceptos marcados con ? se explican sin salir del artículo.

Paulius Gritėnas advierte de la erosión de las normas de la comunicación democrática. Pero ¿basta con reclamar más decencia cuando la provocación obtiene recompensas? La respuesta posjerárquica parte de otra forma de interacción: las personas buscan y eligen por sí mismas las soluciones, mientras que los algoritmos se limitan a calcular los resultados de sus evaluaciones.

Texto analizado: Vakaris Vingilis, entrevista a Paulius Gritėnas, «Filosofas P. Gritėnas: akivaizdu, kad atsisakome pamatinių demokratinio bendravimo principų, ir tai turėtų kelti nerimą», Bernardinai.lt, 1 de octubre de 2026.
Publicación: Leer la entrevista original en lituano →

VÍDEO BREVE · 1 MIN. 13 S.

Cómo la omnicracia elimina la dependencia de los políticos

Una explicación del cambio de reglas: en lugar de premiar la confrontación política, las personas elaboran y eligen soluciones mientras los algoritmos calculan sus valoraciones.

  • Los expertos generan y clasifican alternativas.
  • Las personas afectadas adoptan la decisión final.
  • El protocolo vincula el incentivo personal con el bien común.

¿Qué revela esta entrevista?

La advertencia de Gritėnas importa por algo más que su llamamiento a que los políticos hablen con mayor cortesía. La entrevista relaciona la erosión de las normas públicas con un entorno donde provocar resulta rentable: atrae la atención, aumenta la visibilidad y permite movilizar votantes. Cuando la grosería se convierte en una táctica política eficaz, la decencia personal choca con los incentivos del sistema. Lo que está en juego no es solo el tono de las intervenciones, sino la posibilidad de preservar los fundamentos de la acción conjunta.

Contexto: cuando un sistema protege sus propias debilidades

La apertura democrática encierra una paradoja: debe proteger el disenso y la crítica, pero esas mismas libertades pueden utilizarse para socavar la confianza mutua. Esto no significa que en democracia todo esté permitido. El problema es más profundo: incluso una comunicación lícita puede sostener incentivos destructivos, mientras que intentar erradicarlos únicamente mediante prohibiciones amenaza las mismas libertades que se pretende defender.

Desde esta perspectiva, la contribuye a reproducir una relación jerárquica: unos compiten por el derecho a decidir mientras otros quedan relegados a ser su audiencia. El escándalo adquiere valor no porque resuelva un problema, sino porque proporciona visibilidad. El sistema puede condenar esa conducta y recompensarla a la vez. Por ello debemos preguntarnos no solo cómo «curarlo», sino cómo organizar la acción colectiva fuera de la lucha por la atención.

Los aspectos valiosos del diagnóstico de Gritėnas

El poder público implica una mayor responsabilidad

La entrevista recuerda que las normas adecuadas para una conversación privada no bastan necesariamente en la vida pública, especialmente para quienes ejercen responsabilidades.

La democracia también depende de normas no escritas

La pérdida del respeto y de la confianza se reconoce como un problema de toda la vida política, no como una simple cuestión de mal gusto.

La ética no puede separarse de los incentivos

La responsabilidad de los medios de comunicación se vincula a su entorno económico y tecnológico, no solo a la voluntad de sus directores.

Defender algo no debe significar destruirlo

Abandonar los principios democráticos no puede considerarse, por sí solo, una forma adecuada de proteger la democracia.

La bifurcación posjerárquica

Perspectiva de la entrevista

Defender las normas de la comunicación democrática reforzando la responsabilidad de los dirigentes, fomentando la contención de los medios y limitando los efectos destructivos de las plataformas digitales.

Alternativa posjerárquica

En vez de elegir a quienes decidirán por los demás, permitir que las propias personas formulen alternativas y elijan la decisión final. El protocolo del decidement establece los incentivos, las personas evalúan las ideas y los algoritmos solo calculan los resultados de esas evaluaciones.

La no cambia únicamente el estilo de la comunicación política, sino la organización misma del derecho a decidir. La democracia representativa constituye el poder de gobierno mediante elecciones. El no requiere elegir representantes: las personas elaboran y escogen directamente las soluciones. No es otro canal de consulta tras el cual un dirigente resuelve por ellas.

La entrevista constituye aquí un punto de partida. Lo que sigue es una propuesta independiente desarrollada en este análisis de culture.lt; no se atribuye este modelo al entrevistado ni se presupone que esté de acuerdo con él.

El cambio esencial no consiste en hacer más educada la competencia por el poder, sino en establecer otra arquitectura de interacción humana y de decisiones compartidas.

No debatir, sino buscar nuevas soluciones

La no es la suma de opiniones recogidas de forma aislada. En un único grupo interactivo, las personas proponen soluciones para una tarea definida y evalúan las propuestas de los demás. En un proyecto de inteligencia colectiva no se realizan debates: no hay un adversario al que derrotar ni una facción a la que defender. La idea de otra persona puede ayudar a descubrir una alternativa mejor.

La regla «evaluar las propuestas de otros antes de presentar la propia» tiene como objetivo principal evitar las repeticiones. Tras examinar las soluciones existentes, el participante puede proponer algo nuevo en lugar de repetir lo ya expresado. Una propuesta duplicada recibe un cero: se trata de una sanción por repetición, no por sostener una opinión impopular. Cada aportación debe expresar una única solución clara; la creatividad se orienta a encontrar alternativas mejores dentro de los límites de la tarea.

¿Cómo podría funcionar el decidement colectivo?

La omnicracia se basa en dos etapas sucesivas de decidement. En la primera, quienes conocen una cuestión buscan las mejores alternativas en un entorno compartido de inteligencia colectiva. En la segunda, las personas afectadas por la decisión evalúan esas alternativas y realizan la elección final. No es necesario elegir representantes para que después decidan por todos: la competencia especializada sirve para descubrir posibilidades y la participación de los interesados, para determinar la dirección común.

Ante el problema planteado en la entrevista de Gritėnas, la tarea podría formularse de este modo:

¿Qué reglas de información comunitaria y de toma de decisiones conjuntas incentivarían las propuestas valiosas en vez de las provocaciones?

Etapa I. Las personas conocedoras del problema buscan soluciones

Quienes dominan la materia deciden por sí mismos incorporarse a la tarea en función de sus conocimientos y experiencia. En un mismo entorno anónimo de inteligencia colectiva evalúan propuestas de otros y desarrollan nuevas. Antes de presentar una idea, revisan las ya formuladas para no repetirlas. Cada propuesta recibe una calificación de −5 a −1 cuando se discrepa de ella, o de +1 a +5 cuando se está de acuerdo. El cero no es una nota neutral: es una sanción por repetir ideas, por banalidad, por desviarse de la tarea, por reunir varias ideas distintas en una sola presentación o por revelar la autoría. De este modo se fomentan soluciones claras, independientes y valiosas para el problema planteado.

El resultado es una lista de alternativas ordenada según sus evaluaciones, donde se distinguen las soluciones que reciben mayor apoyo y, cuando las hay, las ideas que suscitan valoraciones contrapuestas y muestran polarización. Los expertos abren las posibilidades de elección, pero no eligen por todos.

Etapa II. Las partes interesadas realizan la elección final

En el mismo entorno de inteligencia colectiva, las partes interesadas evalúan las alternativas identificadas por las personas conocedoras y eligen la solución definitiva. En esta etapa cobran especial importancia las competencias sociales: comprender las consecuencias para la comunidad, conciliar intereses diversos y tener presente el bien común. No se trata de una encuesta ni de la elección de representantes: deciden directamente las personas afectadas.

¿Quién tiene derecho a participar?

No hace falta una delegación ni una comisión de selección. Las competencias necesarias se definen según la tarea y cada persona decide por sí misma si desea participar. Una breve prueba de conocimientos generada por IA y el acumulado en experiencias anteriores ayudan a determinar su preparación. Quien todavía no dispone de un peso suficiente puede empezar como observador y evaluar propuestas; cuando sus valoraciones se aproximan lo suficiente a las de participantes experimentados, su contribución empieza a contabilizarse y puede presentar sus propias ideas. Así se mantiene abierta la participación sin equiparar la calidad de una decisión a la mera facultad formal de expresar una opinión.

¿Quién evalúa: las personas o los algoritmos?

Las personas evalúan las soluciones. Los participantes son anónimos entre sí, pero sus propuestas y valoraciones quedan registradas. El establece las reglas compartidas de interacción y recompensa, mientras que el algoritmo calcula mecánicamente los resultados de las valoraciones, los puntos individuales y la influencia de los pesos de competencia. No determina qué es correcto ni examina las intenciones o patrones de comportamiento de los participantes. El algoritmo sirve al decidement colectivo; no lo sustituye.

¿Cómo puede el beneficio personal incentivar la búsqueda del bien común?

Aquí reside una diferencia esencial entre el decidement colectivo y la economía de la atención. En el clásico , buscar una ventaja individual puede acabar perjudicando a todos. El decidement colectivo busca invertir esos incentivos: obtienen más puntos quienes evalúan de un modo próximo a la valoración conjunta que surge de una participación honesta. El interés personal queda así vinculado al esfuerzo por juzgar imparcialmente teniendo en cuenta el bien común. Este principio puede entenderse como un .

El resultado es un incentivo aparentemente paradójico: una persona puede aspirar a obtener la mayor puntuación personal posible, pero para lograrlo le conviene evaluar con imparcialidad. Como no sabe de antemano cómo valorarán otros una idea, intenta juzgarla como lo haría, a su entender, una persona honrada y socialmente responsable. Defender el interés estrecho de un grupo puede reducir su propia puntuación. Lo que cuenta no es el estatus de nadie, sino la utilidad de la solución para la comunidad, incluido el respeto a sus miembros vulnerables e incluso a la naturaleza, incapaz de defenderse por sí misma.

La sabiduría colectiva no se prescribe: emerge

La no es un repertorio predeterminado de respuestas correctas. Cada participante, al tratar de evaluar con imparcialidad, contribuye a un resultado común que nadie conoce de antemano. En ese sentido, la sabiduría emerge de numerosas valoraciones independientes orientadas por un principio compartido. El algoritmo se limita a calcular sus resultados: no es la fuente de la sabiduría ni de las normas morales.

Una analogía con el imperativo categórico de Kant ayuda a comprender esa orientación: evaluar como si el principio que guía el propio juicio pudiera aplicarse universalmente. Los participantes desconocen cómo puntuarán los demás la misma idea, de modo que no pueden limitarse a seguir a una mayoría. El anonimato reduce la influencia de la autoridad, la lealtad de grupo y la presión pública, mientras que el registro de las valoraciones impulsa a buscar de manera independiente una decisión socialmente fundamentada. Por eso las mismas personas, al interactuar anónimamente, pueden producir una valoración colectiva muy distinta de la que expresarían en público, incluso para sorpresa de ellas mismas. El acuerdo resultante es una resonancia: la convergencia de valoraciones independientes, no la reproducción de una opinión mayoritaria ya conocida. A medida que disminuye la influencia de intereses grupales estrechos, la intersubjetividad puede dar lugar a la objetividad. La inteligencia colectiva tampoco es un : no hay un acontecimiento futuro cuyo resultado deba adivinarse. La valoración común nace en el mismo proceso de elaborar y escoger soluciones.

ENSAYO SONORO · 21 MIN. 45 S.

La omnicracia y el fin del debate

Una reflexión en audio sobre la inteligencia colectiva, las valoraciones anónimas y el paso de la confrontación política al decidement común.

La elección de una solución no pone fin al proceso

Mediante el decidement colectivo también puede acordarse de antemano quién ejecutará la solución elegida, cómo se distribuirán los recursos y cómo se supervisará su aplicación. Los responsables de ejecutarla mantienen su responsabilidad, pero no adquieren por ello el derecho a modificar unilateralmente la dirección común. Si cambian las circunstancias, surge una nueva tarea a la que puede aplicarse de nuevo el mismo proceso en dos etapas.

VÍDEO ENSAYO · 7 MIN. 14 S.

Cambiar las reglas: del conflicto político a la omnicracia

Una exposición más amplia de los incentivos de la economía de la atención y de cómo el protocolo de omnicracia transforma la arquitectura de las decisiones compartidas.

El cambio puede comenzar en las comunidades

La aplicación de la omnicracia no tiene por qué esperar a una reforma completa del sistema político estatal. Empresas, comunidades locales y redes de colaboración pueden comenzar por los problemas que les afectan: buscar soluciones según las competencias y elegirlas conjuntamente sin transferir el derecho a decidir a representantes electos. Pueden consultarse ejemplos prácticos y herramientas en el catálogo de proyectos METACON y en la plataforma omnicracy.net.

La mejor solución no es una solución para siempre. El protocolo crea incentivos para buscar de manera creativa, reflexionar honestamente y evaluar con responsabilidad, pero las circunstancias cambian. Por eso el decidement colectivo busca la mejor solución bajo las condiciones existentes. Cualquier persona puede proponer que se vuelva a examinar una cuestión; si un grupo suficientemente numeroso respalda la iniciativa, el proceso de decidement se reabre sin esperar a una fecha determinada. De esta manera, la comunidad puede aprender de las consecuencias y adaptarse sin perder su capacidad de actuar.

De la lucha por la atención al decidement compartido

La crisis de la comunicación democrática examinada por Gritėnas plantea una pregunta que va más allá de la ética pública: qué incentivos configuran el comportamiento. Mientras la recompensa política dependa de captar atención, incluso los llamamientos justificados a una mayor responsabilidad pueden sucumbir a la lógica competitiva.

La omnicracia ofrece otro camino: las personas conocedoras del problema desarrollan alternativas en común, los afectados eligen la solución y cada participante encuentra incentivos para evaluar de modo que su éxito personal se vincule con el bien común. El protocolo organiza la interacción, las personas crean la decisión y el algoritmo calcula sus valoraciones.

Superar la crisis de la comunicación democrática puede comenzar no con nuevas exigencias a los políticos, sino dando a las personas los medios para tomar decisiones conjuntamente.

Las personas deciden; los algoritmos solo calculan

flowchart TD
  A["Economía de la atención"] --> B["Se recompensa la provocación;
se erosionan las normas del diálogo"] B --> C["Respuesta de la entrevista:
responsabilidad, ética, regulación"] B -.->|"Bifurcación posjerárquica"| D["OMNICRACIA
No es necesario elegir representantes"] D --> P["PROTOCOLO
Los puntos personales se vinculan
a evaluaciones socialmente responsables"] subgraph KI["EL MISMO ENTORNO DE INTELIGENCIA COLECTIVA"] direction TB I["ETAPA I · CONOCEDORES
Buscan las mejores soluciones"] --> L["Alternativas clasificadas
y polarización visible"] L --> II["ETAPA II · PARTES INTERESADAS
Eligen la solución definitiva"] M["EL MISMO PRINCIPIO ALGORÍTMICO
Solo contabiliza valoraciones, puntos
y pesos de especialización"] I -.->|"Valoraciones humanas"| M II -.->|"Valoraciones humanas"| M end P --> I P --> II II --> F["Aplicación y supervisión
de la solución elegida"] F -.->|"Nuevas cuestiones de selección, financiación o revisión"| I classDef closed fill:#f3f1ec,stroke:#9b978f,color:#25261f classDef post fill:#fff8f4,stroke:#a93b2b,color:#25261f,stroke-width:2px classDef shared fill:#e8eee4,stroke:#73866a,color:#25261f,stroke-width:2px class A,B,C,F closed class D,I,L,II post class P,M shared
El protocolo invierte los incentivos y la sabiduría colectiva emerge de las evaluaciones humanas. El algoritmo recibe valoraciones, no la autoridad para establecer la verdad. Las dos etapas de la omnicracia comparten el mismo entorno interactivo y el mismo principio de contabilización. Las cuestiones de ejecución pueden abordarse mediante nuevos ciclos de dos etapas.